¡Cuidado! No te obsesiones con tu figura

A pesar de que la vigorexia era hasta hace poco un trastorno masculino, son cada vez más las mujeres que la padecen debido al culto exacerbado a los estereotipos de belleza impuestos por la moda y, según los expertos, a la falta de identidad

Una obsesión

La vigorexia, descrita por primera vez por el psiquiatra Harrison G Pope en 1993, forma parte de los llamados trastornos obsesivos compulsivos (TOC) que se caracterizan por pensamientos persistentes que tienen la finalidad de realizar actos repetitivos para controlar la ansiedad y que quienes los padecen consideran como una conducta saludable y normal.

Para los expertos, se trata de actividades nocivas para la salud tanto mental como física que de no ser tratadas pueden llevarlos a desarrollar serios padecimientos. La adicción al ejercicio o vigorexia es un trastorno en el cual las personas realizan prácticas deportivas en forma continua, sin descanso alguno, con la intensión de mejorar el aspecto de sus músculos y de poner a prueba constantemente su cuerpo sin importar las consecuencias.

Hasta hace algún tiempo estaba considerada como un trastorno equivalente a la anorexia femenina, es decir como una obsesión por tener el cuerpo perfecto, sólo que mediante una sesión de ejercicios exagerada. Sin embargo, ahora se sabe que las mujeres también son propensas a desarrollar adicción al ejercicio en un afán de lucir un cuerpo perfecto y torneado.

Los adictos al ejercicio practican deportes sin importar las condiciones climáticas, a pesar de estar lesionados o enfermos ya que si no lo hacen se sienten culpables. La mayoría no puede dejar de asistir un día al gimnasio, en el que pasan muchas horas por día; cuando el trastorno está muy avanzado, las personas comienzan a abandonar otras prácticas o actividades que les gustan, dejando incluso de trabajar.

Adicción al placer

Cuando las personas se ejercitan, el cerebro comienza a producir una hormona llamada endorfina. Estos neurotransmisores se generan en la glándula pituitaria y entre una de sus funciones se encuentra la de aliviar dolor y producir sentimientos de euforia.

Las concentraciones de esta sustancia aumentan cuando el esfuerzo físico supera el 80% del consumo máximo de oxígeno, por ejemplo, en una carrera rápida de 30 segundos, se pueden aumentar los niveles de endorfinas en la sangre al grado de que en lugar de dolor por el esfuerzo, la actividad produzca placer.

Esta puede ser una explicación del por qué el ejercicio se convierte en una actividad adictiva, pues son las endorfinas las que generan la adicción.

Causas y consecuencias

Para lo psiquiatras, el problema de fondo para el desarrollo de la vigorexia es la falta de identidad que sufren las personas, sobre todo en la ciudades grandes en las que, bombardeados por la publicidad, necesitan sentirse completos y reafirmar su corporalidad. Además de que buscan la aceptación de los demás.

En general, quienes enfrentan este tipo de desórdenes presentan baja autoestima, dificultades para integrarse en sus actividades sociales habituales, son introvertidos y rechazan o les cuesta trabajo aceptar su imagen corporal por lo que necesitan el ejercicio físico para obtener lo que socialmente se está exigiendo.

Las consecuencias de esta práctica excesiva de ejercicio traen problemas orgánicos y lesiones físicas que a largo plazo pueden resultar muy importantes. Esto es así porque la vigorexia está acompañada, también, por el uso desmedido de suplementos alimenticios así como una dieta rica en proteínas y pobre en fibra y grasas lo que ocasiona muchos trastornos metabólicos.

Por otra parte, la sobrecarga de peso en el gimnasio repercute negativamente en los huesos, tendones, músculos y las articulaciones, sobre todo de los miembros inferiores, con desgarres y esguinces. En casos severos, se comienzan a presentar desproporciones entre las partes corporales, por ejemplo, un cuerpo muy voluminoso con respecto a la cabeza.

El uso de anabólicos es también otra consecuencia que se asocia a la vigorexia, ya que quienes los consumen, intentan mejorar el rendimiento físico e incrementar el volumen de sus músculos; sin embargo, el uso de estas sustancias traen más perjuicios que beneficios ya que producen muchos trastornos en el organismo como masculinización e irregularidades del ciclo menstrual en las mujeres, acné, problemas cardiacos, atrofia testicular, disminución de la formación de espermatozoides y retención de líquidos, entre otros.

¿Cómo saber si la padezco?

La característica de los trastornos obsesivos compulsivos es que las personas que los padecen no aceptan que sus conductas son anormales, así que muchas veces es difícil que se den cuenta que sus actividades los están dañando. Por lo general son otros los que les dicen que están obsesionándose con una actividad.

Pero si estás dispuesta a reflexionar sobre tu conducta, observa bien si tu realizas lo siguiente:

• Tu actividad física interviene con tu vida laboral, social o individual.
• Te miras con frecuencia en el espejo y no te gusta tu imagen.
• Pasas muchas horas en el gimnasio o realizando tu deporte.
• Consumes una dieta rica en proteínas y carbohidratos.
• Te pesas varias veces al día sobre todo antes y después de hacer tu ejercicio.

La vigorexia, como otros padecimientos obsesivos, es un asunto de cuidado que debe ser tratado por un médico para que sea él quien diagnostique y trate de forma adecuada el trastorno. Si tú presentas alguna obsesión por tu físico es momento de preguntarte qué lo causa y cómo puedes poner remedio.

Fuentes: ¿Obsesionada con tu cuerpo? Familia saludable, Junio de 2004; www.mifarmacia.es; www.latinsalud.com; www.ondasalud.com; Departamento de comunicación y contenido de Pen. S. A. de C. V.

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